El bambú japonés
Esta historia la escuche de un GRAN profe hace muchos años en la facu, lo recuerdo muy bien. Era el día de entrega de notas de una materia, estaba bajoneada porque había abandonado una materia y otra no me servía, y esa -la nota que me acababan de dar-no fue tan buena como esperaba… En resumen, estaba frustrada con temas familiares, laborales, estudiantiles, no sabia qué hacer, sentía que sólo había perdido el tiempo.
Toda deprimida y esperando que se callara el profe para poder irme, el comienza a leer una de las tantas versiones de este cuento. Porque, tal como pasa con la tradición oral, no se puede encontrar un autor ni un contenido exacto.
Mentiría si dijera que al principio no me molestó que nos contara un cuento «Estoy grande para cuentos» pensé -o algo parecido- por mi malestar general, pero así y todo le presté atención.
Y bueno, si es lo primero que estoy publicando en este espacio significa que me ayudó mucho en ese entonces, con alguna que otra lágrima. En aquel momento, me recordó que no hay un tiempo establecido para «algo», no hay una edad que defina nada, tu tiempo, mi tiempo, es precioso en sí mismo. Y también a aprender que, cuando el plan no resulta como esperamos, no significa que no estemos haciendo nada. Sólo nos estamos permitiendo echar raíces, para crecer más alto y más fuertes.
Hace mucho, mucho tiempo, en las antiguas tierras de Japón, dos agricultores que iban en camino al mercado tropezaron con un anciano vendedor de semillas. Este les presentó unas semillas de bambú, asegurando que solo necesitaban agua y abono para prosperar. Intrigados, los agricultores adquirieron un puñado cada uno y las sembraron en sus campos.
Ambos regaron y abonaron las semillas, pero los días se convirtieron en semanas y luego meses sin dar señales de vida. Mientras otras semillas germinaban y crecían, las de bambú permanecían aparentemente inmóviles.
Frustrado por la espera, uno de los agricultores abandonó toda esperanza y no solo dejó de cuidarlas, sino que se deshizo de ellas para dar lugar a otras cosechas. Por su parte, el otro agricultor decidió por persistir, regándolas y abonándolas aún sin ver resultados pero esforzándose en cuidarlas.
Pasaron años, y las semillas de bambú seguían sin cambiar. Hasta que, un día durante el séptimo año, ¡sorpresa!, el bambú brotó de repente. En tan solo seis semanas, alcanzó la imponente altura de treinta metros.
El agricultor desencantado quedó perplejo, incapaz de creer que las semillas que había abandonado hubieran crecido de tal manera en tan poco tiempo…
Pero… ¿Realmente tardó sólo seis semanas en crecer?
No. La verdad es que se tomo siete años y seis semanas en desarrollarse. Durante los primeros siete años de aparente inactividad, este bambú estaba generando un complejo sistema de raíces que le permitirían sostener el crecimiento que iba a tener después de siete años.
Moraleja
Así como el bambú japonés, nuestro crecimiento personal y éxito -en cualquier actividad- no se da de la noche a la mañana, y tiende a generarse en etapas aparentemente silenciosas de la vida. En nuestra actualidad, tan obsesionada con la inmediatez, en la que buscamos soluciones rápidas y victorias inmediatas (dopamina en píldoras de Reels o Tik Toks), no siempre nos damos el espacio de atender nuestros procesos internos, que obviamente demandan tiempo y paciencia.
Así como nadie que haya plantado una semilla se parará frente a ella a gritar «¡Crece, maldita seas!» para acelerar el proceso, no podemos esperar que sanemos, aceptemos, aprendamos, perdonemos con esa velocidad infinitesimal que nos estresa esperar que cargue un video…
No es de extrañar que la impaciencia nos lleve a renunciar en el momento preciso en el que estábamos a punto de conquistar nuestras metas.
Este cuento nos recuerda que lo importante es disfrutar del viaje, a apreciar las etapas distintas etapas que pasamos, entendiendo que, al igual que el bambú, nuestro crecimiento requiere tiempo y dedicación. En la vida, nada florece de la noche a la mañana. Cada experiencia, cada esfuerzo, y cada desafío contribuye al complejo sistema de raíces que nos permitirá sostener el éxito duradero.
Muchas gracias por leer este cuento que fue tan importante en mi vida. Al día de hoy no dejo que termine un cuatrimestre sin que se lo leamos a los estudiantes porque siento que, aunque sea a uno sólo, le ayudará tanto como a mi…
Por último, que casualidad poco casual que justo el bambpu -elemento central de esta historia- represente al Reiki ¿No?
Me encantaría leer tu opinión! Un abrazo al alma y gracias por ser parte de este pequeño espacio en la inmensidad del universo ♥
“Sólo quien no tema al fracaso llegará al paraíso del conocimiento.
¡FALLEN, EQUIVOQUENSE, CUENTIONENSE!
Y disfruten el proceso”Narcisse MaughamMahou Tsukai no Yome
Hermoso cuento, no lo conocía..
Gracias por compartir.
Gracias a vos por apreciarlo ♥